Un corazón roto y el silencio

Un corazón roto y el silencio

Tener un corazón roto al perder una relación amorosa que daba alegría y en la que se encontraba en un estado de “ilusión” romántica siempre es algo complicado. Al atravesar una ruptura amorosa, la persona se puede encontrar en un estado de vulnerabilidad por distintas razones que la mente no sabe explicar, o sí puede, pero el corazón no quiere escuchar ni asimilar porque quisiera que las cosas fueran distintas. Este hecho nunca es fácil, sin embargo, para una persona LGBTQ+, el desafío es aún más grande, difícil y solitario en la mayoría de las ocasiones.

Vivir una ruptura amorosa puede ser similar, en cuanto a las emociones que se viven, al proceso natural del duelo de los seres humanos, pero vivir una ruptura siendo LGBTQ+ representa una ola de experiencias adicionales para quien vive el suceso en cuestión. Dichas situaciones devienen de momentos que surgen a partir de un estigma existente en la sociedad heteronormativa que marca y clasifica a las relaciones heterosexuales cisgénero como la norma a seguir, lo cual desencadena una falta de redes de apoyo, e incluso, en un sentimiento de soledad en las personas LGBTQ+.

Una relación heterosexual resulta la expectativa social debido a la llamada cisheteronorma, la cual tiene la función de regular los comportamientos de los sujetos y sus identidades para que correspondan a los esquemas creados socialmente de forma binaria, que indican lo que “debe de ser”: un hombre y una mujer. Claro que lo anterior depende de factores históricos, geográficos y temporales. Sin embargo, la existencia de dicha cisheteronorma provoca que haya una expectativa de comportamiento y, si lo llevamos a la esfera de las relaciones socioafectivas románticas o sexuales, nos encontramos con situaciones en las que, al salirse de dicha expectativa en cualquier sentido del espectro romántico y de la identidad sexual ––como no ser heterosexual, monogámico, unirromántico o incluso cisgénero––, se corre el riesgo de ser rechazado por los propios círculos sociales a los que el sujeto acostumbra o necesita frecuentar e incluso pertenecer.

En consecuencia, ciertas identidades LGBTQ+ pueden enfrentarse a las expectativas familiares o sociales de sostener relaciones heterosexuales validadas como lo “natural” o “aceptado” en un intento de cumplir con las normas culturales. Esto puede llevar a dinámicas donde la identidad y la orientación se ocultan o se reprimen, o simplemente, a vivir las relaciones socioafectivas románticas o sexuales de forma incógnita, lo que puede ser perjudicial para el bienestar emocional y mental de las personas involucradas​.

Al vivir como alguien que no cumple lo validado por una norma, siendo LGBTQ+, se puede llegar a ocultar la existencia misma ante determinadas personas o situaciones, ya sea por temor al rechazo o discriminación, ocasionando vivir en el silencio, siendo y compartiendo un secreto desde el inicio hasta el final de la experiencia vivencial. En las relaciones amorosas de las personas LGBTQ+ puede suceder de la misma manera, desde que se decide comenzar una relación hasta que llega el momento de la ruptura, provocando que esta sea solitaria y, posiblemente, menos validada que una ruptura cisheterosexual. Esto puede llevar al punto de no tener la posibilidad de comentar la ruptura con alguien y, en dado caso que se decida comentar, correr el riesgo de recibir respuestas como "era sólo una fase" o "era algo experimental" e incluso puede ser que se alegren por dicha ruptura porque, gracias a la cisheteronorma, esta significa el término de la lejanía de la norma y así se puede regresar a ella en cierto sentido, disminuyendo o eliminando la validez de la relación.

Aunque es verdad que la realidad para cada identidad LGBTQ+ es diferente, y que en algunas familias o distintos círculos sociales se ofrece amor y apoyo, otras personas LGBTQ+ enfrentan la pérdida de una relación sin la empatía de sus vínculos más cercanos. Además, si antes han sido rechazados por su orientación o identidad de género, una ruptura puede hacer que esos sentimientos de rechazo se intensifiquen, provocando soledad y falta de validación por la carencia de redes de apoyo, especialmente si la identidad sexual de la persona no es aceptada por el entorno en el que se desenvuelve, por lo que resulta difícil tener un acercamiento a familiares o amigos, provocando un duelo sin un sistema de apoyo adecuado que, a su vez, lleva a un aislamiento emocional.

A menudo, las personas LGBTQ+ creamos "familias elegidas", conformadas por personas cercanas que fungen como espacio de apoyo y seguridad, para obtener el soporte que no se recibe de las familias biológicas. Durante una ruptura, esta red es esencial para procesar el dolor, recibir apoyo emocional y encontrar consuelo, especialmente cuando las redes familiares tradicionales son distantes u hostiles. Inclusive en situaciones de rechazo familiar, una ruptura puede intensificar sentimientos de soledad. Es aquí donde las familias elegidas se vuelven aún más valiosas, pues este apoyo reduce la presión de cumplir con las expectativas sociales y permite que las personas vivan su autenticidad sin temor a ser juzgadas o incomprendidas, algo fundamental en el proceso de sanación. Sin embargo, incluso en esas redes, el acceso a la ayuda emocional puede ser limitado o complicado, ya sea por falta de información, situaciones personales o circunstancias ajenas.

Es importante reconocer que también existen situaciones donde la misma persona, a pesar de ser LGBTQ+, vive procesos de homofobia, bifobia o transfobia internalizada que se intensifican al vivir una ruptura y, al no existir apoyo de su entorno, surgen sentimientos de vergüenza, culpa o rechazo de su propia identidad, lo que se traduce en dudas personales sobre su propio valor y su capacidad para encontrar una relación amorosa en el futuro.

En general, aunque cada ruptura es única y la realidad de cada individuo es diversa, las personas LGBTQ+ pueden experimentar factores específicos relacionados con la visibilidad, la aceptación y el apoyo emocional. Esto hace que la sanación pueda requerir procesos adicionales y más tiempo, pero, con una red de apoyo, es posible llevar el duelo de una manera saludable.

Concluyendo, la experiencia de una ruptura siendo LGBTQ+ está profundamente influenciada por factores sociales, culturales y personales que van más allá de la pérdida de una relación amorosa. El apoyo limitado, el estigma, la falta de validación y la discriminación son aspectos que pueden amplificar el dolor, lo que hace que el proceso de sanación sea más complicado y, en muchos casos, más solitario.

Sin embargo, es importante recordar que tu dolor es completamente válido, que no estás en soledad y que tu historia importa. Aunque parezca que tu entorno no lo entiende, existen personas que sí lo harán y estarán dispuestas a escucharte y darte apoyo. Así que levanta la cabeza, porque tu historia no termina aquí. La ruptura no es el final de tu capacidad de amar ni el límite de lo que puedes vivir; es sólo una parte más del camino, uno que te llevará a descubrir lo que en verdad mereces: amor pleno, auténtico, y una vida llena de orgullo por ser exactamente quién eres.