No extrañaré algo que no conozco

Una búsqueda rápida por internet te posicionará la palabra “romance” como un sinónimo de amor, de ternura, de querer permanecer toda la vida junto a la persona que te inspira este sentimiento. Todo son rosas y corazones; poesía y arte.
En mi experiencia, la mayoría de las canciones hablan sobre dos temas: el amor o el desamor. En las historias, les protagonistas siempre están buscando, como dice la mitología, a su otra mitad, sin importar en medio de qué nudo argumental se encuentren; suicidios, traiciones y guerras enteras han sido protagonizadas por este sentimiento.
Cuando buscas el significado del prefijo “a”, aparece definido como la “carencia de”, y es entonces que las puertas a todo ese mundo de pasiones maravillosas parecen cerrarse en las narices de gente como yo.
El término “arromántico” hace referencia a una persona que no siente atracción romántica hacia los demás. Pero si el romance es sinónimo de amor, las personas como yo estamos destinadas a una soledad fría y angustiante en la que no sólo tendremos que navegar la vida sin la presencia de una de las más grandes virtudes de la humanidad, sino que nos será recordada esta carencia cada que nos atrevamos a evidenciar que algo tan fundamental para nuestros pares es intrascendente para nosotres.
Crecimos con Disney, con historias fantásticas en las que, sin importar el problema, el amor puede con todo. No es raro entonces que esperemos un romance que ponga nuestra vida en su lugar. Crecimos, también, con caricaturas llenas de mensajes que comenzamos a entender conforme nos hacíamos mayores; mensajes sobre qué nos debe atraer y cómo debemos reaccionar a ello. Se nos enseña que sentirte atraídx por alguien, y hacer algo al respecto, llevará inevitablemente al coito. Es entonces que empezamos a sentirnos insuficientes. ¿Cómo es posible querer una relación si la idea de tener sexo nos da ñáñaras? ¿Vale la pena acercarnos a alguien si inevitablemente lx terminaremos decepcionando cuando no queramos acostarnos con ellx? ¿Es justo para nosotros mismos amar si sabemos que sólo terminará en dolor?
La asexualidad hace referencia a una persona que no siente atracción sexual por otras personas, algo descabellado para muchos, ya que al final, la reproducción humana es de tipo sexual. ¿Cómo es posible no sentir uno de los principales deseos humanos? ¿Cómo es posible amar a alguien si el amar debería implicar querer acostarse con esa persona?
Aún recuerdo la primera vez que me di cuenta de que sentirme atraída por alguien podía significar muchas cosas. También recuerdo cuando dejé de sentir raro decirle a las personas en mi vida que las amaba sin miedo a malinterpretaciones, porque al final existen muchas formas de amar, así como muchas maneras de sentirse atraídx. Sin embargo, eso no elimina las complicaciones.
Al final, el sexo como acto clave para la reproducción humana (y de muchas otras especies) genera una curiosidad que va más allá del tabú impuesto por los adultos. Es así que la mayoría de los jóvenes no aprenden exactamente cómo funciona hasta después de sentir el deseo, hasta después de haber experimentado ese llamado que se asume universal.
Es así como poco a poco se vuelve el tema de cotilla favorito de la clase: ¿Quién te gusta? Si la respuesta es nadie, sigue la inevitable sorpresa y el “¿Quién te gustaba?”. Pero, ¿qué pasa cuando no hay una persona?, o por lo menos no como se espera. ¿Qué pasa cuando me gusta un amigo porque estar con él se siente como estar en casa?, ¿porque su risa siempre me hace reir aunque sea de algo a lo que no encuentro la gracia? ¿Qué pasa cuando me gusta un compañero de clase porque su estilo simplemente no deja de sorprenderme?, ¿cuando me gusta una celebridad porque, maldita sea, cómo alguien puede verse bien mientras hace literalmente cualquier cosa? ¿Qué pasa cuando llenas todas las casillas de lo que la sociedad te dice deberías querer que florezca en una relación? ¿Qué pasa cuando tú no lo quieres así?
¿Qué pasa cuando soy yo quien ayuda a mi amigo a buscar pareja?, ¿cuando ese compañero me cae mal por cómo se comporta en clase?, ¿cuando me encantaría platicar con esa celebridad porque tomar un café con ellx de vez en cuando suena como la mejor cosa del mundo? ¿Qué pasa cuando contestar esa pregunta se siente como una sentencia?, porque encontrar a alguien atractivo puede significar un mundo de cosas de las que ni yo misma estoy segura, un arcoíris de relaciones distintas que están condenadas a sentirse vacías porque jamás alcanzarán el pedestal en que la sociedad ha colocado al romance. ¿Cómo demuestras que algo simplemente no está ahí? ¿Cómo tienes una vida completa en la que falta algo que no existe?
De las más grandes razones por las que tardé tanto en aceptar mi identidad como aro/ace fue el miedo; miedo al qué dirán, miedo a estar equivocada, a que fuera cierto que sólo debía encontrar a la persona correcta. Miedo a perderme de algo que la humanidad ha enaltecido por milenios, porque, ¿qué pasa si es verdad, si sólo estoy confundida, si sólo me falta experimentar, si sólo tengo que encontrar a esa persona con la que mágicamente todo caerá en su lugar? Aun en un espacio como la comunidad LGBTQ+, el ojo público está posado sobre el romance. ¿Cómo sentirse cobijado cuando unx mismx es incapaz de entenderlo? ¿Cómo entrar en un espacio tan focalizado en nuestras parejas cuando yo no quiero tener una?
He pasado muchos años rumiando estas y muchas más ideas que no he terminado de comprender del todo, pero hoy sé que puedo sentirme atraída por cómo se ve alguien; puedo apreciar su belleza como aprecio una obra de arte. A veces sólo desde lejos, puedo sentirme atraída por la personalidad de alguien, y sentir unas imparables ganas de conocerlx sin que eso signifique un noviazgo. Sé que puedo amar a la gente con todo mi corazón sin que el sentimiento sea romántico. Sé que en esta comunidad hay un espacio para gente como yo, aunque haya quien no lo crea.
Y genuinamente, estoy cansada de extrañar algo que no conozco.