La luna y el mar

La luna y el mar
A mi Luna, que tanto me inspira y a quien tanto quiero

El aire frío agita la capa de la princesa mientras corre hacia la bahía. Embarca en un bote pesquero que alguien abandonó hace tiempo. Nadie lo extrañará. ¿A ella la extrañarán?

Adelante y atrás. Los remos la llevan por el mar azul.

Mira al cielo como si fuera a rezar. Sopla. Las nubes se apartan y ahí está Ella, como una brújula brillante que indica el camino hacia su corazón adormecido. La Luz se aviva y le hace saber que el viaje casi termina. “Está bien”, se dice, “no extrañaré”.

Cuando no queda más océano por recorrer, la princesa sigue adelante. Se deja caer.

Un estruendo. Un hormigueo en el pecho. La noche la arropa y le besa la piel.

Y luego, silencio.

Cuando abre los ojos, su reino a lo lejos. Frente a ella, el amor de su vida.

“Estás en casa”, le dice Luna.

La princesa sonríe, y siente su corazón titilar.