El fuego que no cede

El fuego que no cede

El siguiente poema nace de la necesidad de explorar los sentimientos en torno a las relaciones no románticas. Desde una experiencia propia de amor (o desamor), representa un intento por descentralizar el amor romántico que muchas veces se posiciona como prioritario y por encima de nuestras demás relaciones. Además, aborda el nulo aprendizaje con que se nos provee a lo largo de la vida para afrontar todas aquellas relaciones que no se clasifican como románticas, lo que repercute en una calidad insuficiente de nuestros modelos relacionales como consecuencia de un sistema heterocispatriarcal.

El fuego que no cede

Existes y no.

Estoy lejos de tu esencia.

Tu corpórea presencia

sin descanso me acecha.

Te fuiste y no.

Dejaste estancada

la energía que no asciende,

que no se esparce, ni esclarece.

Te ruego me emancipes

de este limbo que me enhebra.

Ya solté tu recuerdo. Ahora,

libera mi consciencia.

Redime nuestro encuentro,

que fue más bien impreciso,

que no trajo más que llanto,

desengaño y el suplicio

a un alma que venera

la libertad de espíritu.

Dicen que no sólo de amor

se logra que el hombre viva.

Pero esto no era amor

ni precisamente vida.

Qué tan kármico y carnal

debe ser el entierro

de la herida de mi madre

y de mi padre, el destierro.

Qué lección tan importante

me has dado sin saberlo.

Te agradezco porque viniste,

pero aún más por disolverlo.

Allá donde tu nombre

ya no significa nada,

donde tu cara representa

amargura en la mirada,

te deseo todo el bien,

todo el amor, toda la calma.