Detrás de un suéter navideño

Cuando el invierno llega y el aire se siente frío, cuando las luces comienzan a adornar las fachadas y la música comienza a recorrer las ciudades, algo cambia. El mundo parece mostrarse más amable; el amor y la unidad parecen flotar en el aire invernal, las familias se reúnen, los buenos actos salen de sus escondites después de un largo año.
Mientras todo este amor invade los corazones, detrás de un suéter navideño hay algo que intenta esconderse en lo más profundo del pecho; cree que al vestirse de acuerdo a la época pasará desapercibido. El suéter navideño ha pasado de generación en generación, lo usaron sus abuelos y también sus padres. Se lo heredaron, pero se siente incómodo. Debajo de él hay algo que no encaja; las fiestas lo llevan a querer saltar, salir, cantar con el coro que entona canciones navideñas, o compartir la cena con la familia, pero tiene miedo.
Cuando este “algo” recién llegó a este mundo, tan nuevo y tan grande, las fiestas navideñas eran su época favorita, eran un espacio de amor: la familia reunida en una sola mesa, una gran cena, el cariño. Pero conforme crecía, sentía que algo no encajaba, algo dolía. Los comentarios y las bromas, las constantes preguntas, las críticas a su aspecto… empezó a ocultarse, empezó a alejarse.
Hace dos años intentó hacer una nueva aparición, pero fue juzgado con miradas a la hora de la cena, mientras los niños jugaban y los adultos charlaban. Su nombre se encontraba en labios ajenos, palabras hostiles lo acompañaban. Se hablaba de sus amigues, se hablaba de su pareja, se hablaba de quienes con orgullo no se ocultaban ni en estas fechas. La familia no lo sabía, pero bajo su suéter un binder se escondía. Su nuevo corte de cabello, que había hecho que por primera vez se viera a sí mismo en el espejo, a su tía no le gustaba. La foto de su pareja en la funda de su celular generaba más curiosidad que sus temas de conversación. El miedo lo llevó a ocultarse, a cerrarse, a pensar que no había espacio para él en este mundo.
Sin embargo, al ver un mensaje de “Feliz navidad” acompañado de una foto de su novio con un gorrito de navidad, o el mensaje de su amiga que estaba a punto de iniciar su terapia de reemplazo hormonal, o a un matrimonio lésbico mostrando que el método ropa había sido todo un éxito y era su primer navidad como mamás, o un video de una persona no binaria mostrando la ropa que le hacía sentir cómode en su propia piel, y al ver a su hermana, quien siempre le ha dado fuerzas de ser quien es y con su ejemplo le ha marcado un camino en el cual, a pesar del miedo, ella siempre puede mostrar sus colores al mundo…
Después de ver que el mundo iba más allá del odio, decidió que por más miedo que diera, encontraría a su familia, que algún día no tendría que esconderse, sino portar con orgullo un suéter con sus colores, tomar la mano de su pareja durante la cena y rodearse de una familia nueva, una familia diversa unida en un lienzo con diversos colores, diversas historias, diversos nombres y pronombres. Que al entrar a casa, el miedo y los prejuicios se queden fuera y nadie tenga que esconderse tras su suéter navideño nunca más.